Espai Refugi

Espai Refugi

12 d’octubre del 2015

La intimitat



El cos també ens parla, i el moviment ens retrau cap endins o ens empeny cap a fora. És l'envoltori savi que camina per nosaltres: algunes vegades, dins la intimitat del paisatge que ens envolta; altres dies, cap al silenciós viatge de l'ànima.





(extracte del llibre) Anam Cara, JOHN O´DONOHUE 
El cuerpo es el ángel del alma
El cuerpo humano es hermoso. Estar corporizado es un gran privilegio. Te relacionas con un lugar a través de tu cuerpo. No es casual que el concepto de lugar siempre ha fascinado a los humanos. El lugar nos ofrece una patria; sin él, careceríamos literalmente de dónde. El paisaje es la últi­ma expresión del dónde, y en éste la casa que llamamos nuestra es nuestro lugar íntimo. La casa es decorada y per­sonalizada; adopta el alma de sus habitantes y se vuelve es­pejo de su espíritu. Sin embargo, en el sentido más profun­do, el cuerpo es el lugar más íntimo. Tu cuerpo es tu casa de arcilla; es la única patria que posees en este universo. En tu cuerpo y a través de él, tu alma se vuelve visible y real para ti. Tu cuerpo es la casa de tu alma en la Tierra.
A veces parece existir una misteriosa correspondencia entre el alma y la presencia física del cuerpo. Esto no es ver­dad en todos los casos, pero con frecuencia permite vis­lumbrar la naturaleza del mundo interior de la persona. Existe una relación secreta entre nuestro ser físico y el ritmo de nuestra alma. El cuerpo es el lugar donde se revela el alma. Un amigo de Conamara me dijo una vez que el cuerpo es el ángel del alma. El cuerpo es el ángel que expresa el alma y vela por ella; siempre debemos cuidarlo con amor. Con frecuencia se convierte en el chivo emisario de los desenga­ños y venenos de la mente. El cuerpo está rodeado por una inocencia primordial, una luminosidad y bondad increí­bles. Es el ángel de la vida.
El cuerpo puede alojar un inmenso espectro e intensi­dad de presencia. El teatro lo ilustra de manera notable. El actor tiene suficiente espacio interior para asumir un per­sonaje, dejar que lo habite totalmente, de manera que la voz, la mente y la acción de éste se expresan de manera sutil e inmediata a través del cuerpo de aquél. El cuerpo encuen­tra su expresión más exuberante en el maravilloso teatro de la danza, esa escultura en movimiento. El cuerpo da forma al vacío de manera conmovedora, majestuosa. Un ejemplo emocionante de ello es la danza sean nos de la tradición ir­landesa, en la cual el bailarín expresa con su cuerpo la agi­tación salvaje de la música.
Se cometen muchos pecados contra el cuerpo, incluso en una religión basada en la Encarnación. En la religión se presenta al cuerpo como la fuente del mal, la ambigüedad, la lujuria y la seducción. Es un concepto falso e irreverente. El cuerpo es sagrado. Estas concepciones negativas se ori­ginan en gran medida en las interpretaciones falsas de la filosofía griega. La belleza del pensamiento griego reside precisamente en que destacaba lo divino. Éste los acechaba y ellos trataban de reflejarlo, hallar en el lenguaje y el con­cepto una expresión de su presencia. Eran muy conscientes del peso del cuerpo y cómo parecía arrastrar a lo divino hacia la Tierra. Malinterpretaron esta atracción terrena, viendo en ella un conflicto con el mundo de lo divino. No concebían la Encarnación ni tenían la menor idea de la Re­surrección.
Cuando la tradición cristiana incorporó la filosofía griega, introdujo este dualismo en su mundo intelectual. Se concebía al alma como algo bello, luminoso, bueno. El deseo de estar con Dios era propio de su naturaleza. Si no fuera por el peso indeseable del cuerpo, el alma habitaría constantemente lo eterno. Así, el cuerpo se volvió sospe­choso en la tradición cristiana. Jamás floreció en ella una teología del amor erótico. Uno de los pocos textos donde aparece lo erótico es el bello Cantar de los Cantares, que ce­lebra lo sensual y sensorial con maravillosa pasión y ternu­ra. Este texto es una excepción, y sorprende su admisión en el canon de las Escrituras. En la tradición cristiana poste­rior, y sobre todo en la Patrística, el cuerpo es objeto de suspicacia y hay una obsesión negativa por la sexualidad. El sexo y la sexualidad aparecen como peligros en el camino de la salvación eterna. La tradición cristiana suele denigrar y maltratar la presencia sagrada del cuerpo. Sin embargo, ha servido de maravillosa fuente de inspiración para los ar­tistas. Un bello ejemplo es El éxtasis de santa Teresa de Bernini, donde el cuerpo de la santa es presa de un rapto en el cual lo sensorial es inseparable de lo místico.





De dins cap a fora, obra de Heather Hansen



De fora cap a dins, La intimitat (Amb Filosofia) 
I per mirar més endins, els filòsofs també parlen de silenci, d'espai i de l'ànima... 

6 d’octubre del 2015

Mirant el Silenci


A propòsit de la mirada i el silenci, el grup de Ioga Migjorn (dissabtes, a Sant Vicenç de Castellet) participarem en la performance de l'artista Ada Vilaró a la Fira Mediterrània el pròxim 17 d'octubre, a partir de les 10:45 del matí a la Plana de l'Om de Manresa. L'acompanyarem, en silenci, mirant cap a dins, asseguts/es al seu costat. Podeu venir també a mirar per dins, acompanyant-la, acompanyant-nos...

Performance Ada Vilaró -Present 24h


(extracte del llibre) Anam Cara, JOHN O´DONOHUE

La santidad de la mirada

En Sudamérica, un periodista amigo mío conoció a un vie­jo jefe indígena a quien quería entrevistar. El jefe accedió con la condición de que previamente pasaran algún tiem­po juntos. El periodista dio por sentado que tendrían una conversación normal. Pero el jefe se apartó con él y lo miró a los ojos, largamente y en silencio. Al principio, mi amigo sintió terror: le parecía que su vida estaba totalmente ex­puesta a la mirada y el silencio de un extraño. Después, el periodista empezó a profundizar su propia mirada. Así se contemplaron durante más de dos horas. Al cabo de ese tiempo, era como si se hubieran conocido toda la vida. La entrevista era innecesaria. En cierto sentido, mirar la cara de otro es penetrar en lo más profundo de su vida.
Con mucha ligereza damos por sentado que comparti­mos un solo mundo con los demás. Es verdad que en el ni­vel subjetivo habitamos el mismo espacio físico que los de­más seres humanos; después de todo, el cielo es la única constante visual de nuestra percepción. Pero este mundo exterior no permite el acceso al mundo interior del indivi­duo. En un nivel más profundo, cada uno es custodio de un mundo privado, individual. A veces nuestras creencias, opiniones y pensamientos son un medio para consolarnos con la idea de que no sobrellevamos el peso de un mundo interior singular. Nos complace fingir que pertenecemos al mismo mundo, pero estamos más solos de lo que pensa­mos. Esta soledad no se debe exclusivamente a las dife­rencias entre nosotros; deriva del hecho de que cada uno está alojado en un cuerpo distinto. La idea de la vida humana alojada en un cuerpo es fascinante. Por ejemplo, quien te visita en tu casa, se hace presente corporalmente. Trae a tu casa su mundo interior, sus vivencias y memoria a través del vehículo de su cuerpo. Mientras dura la visita, su vida no esta en otra parte; está totalmente allí contigo, frente a ti, buscándote. Al finalizar la visita, su cuerpo se endereza y se aleja llevando consigo ese mundo oculto. 






Mirant-nos per dins per entendre el Silenci



El silenci i la mirada, l'Ada i la seva performance em recorden a l'artista Marina Abramovic

2 d’octubre del 2015

El mirall de l'Ànima


Hem escrit molt abans de començar i anem transformant el guió del rostre mentre caminem. LLavors, qui pot dir que la cara de molts anys no és bonica?




Anam Cara, JOHN O´DONOHUE


La cara es el icono de la creación
El paisaje es el primogénito de la creación. Existía cientos de millones de años antes de que aparecieran las flores, los animales o el ser humano. Estaba aquí por su cuenta. Es la presencia más antigua en el mundo, aunque necesita una presencia humana que lo reconozca. Cabe imaginar que los océanos enmudecieron y los vientos se sosegaron cuando apareció el primer rostro humano sobre la Tierra; es lo más asombroso de la creación. En el rostro humano el universo anónimo adquiere intimidad. El sueño de los vientos y los océanos, el silencio de las estrellas y las montañas alcanzaron una presencia materna en la cara. Aquí se expresa el calor secreto, oculto de la creación. La cara es el icono de la creación. En la mente humana, el universo entra en resonancia consigo mismo. La cara es el espejo de la mente. En el ser humano, la creación encuentra la respuesta a su muda súplica de intimidad. En el espejo de la mente la difusa e interminable naturaleza puede contemplarse.

La cara humana es un milagro artístico. En esa superfi­cie pequeña se puede expresar una variedad e intensidad increíble de presencia. No existen dos rostros idénticos. En cada uno hay una variación particular de presencia. Cuan­do amas a otro, durante una separación prolongada es her­moso recibir una carta, una llamada telefónica o intuir la presencia de la persona amada. Pero es más profunda la emoción del regreso, porque ver el rostro amado es entonces una fiesta. En ese rostro ves la intensidad y la profundidad de la presencia amorosa que te contempla y viene a tu en­cuentro. Es hermoso volver a verte. En África ciertos saludos significan «te veo». En Conamara, la expresión empleada para decirle a alguien que es admirado o popular es: Tá agaidh an phobail ort, es decir, «el rostro del pueblo se vuel­ve hacia ti».

Cuando vives en el silencio y la soledad del campo, las ciudades te sobresaltan. Hay muchas caras en ellas: rostros extraños que pasan rápida e intensamente. Cuando los mi­ras, ves la imagen de la intimidad particular de su vida. En cierto sentido, la cara es el icono del cuerpo, el lugar donde se manifiesta el mundo interior de la persona. El rostro hu­mano es la autobiografía sutil pero visual de cada persona. Por más que ocultes la historia recóndita de tu vida, jamás podrás esconder tu cara. Ésta revela el alma; es el lugar donde la divinidad de la vida interior encuentra su eco e imagen. Cuando contemplas un rostro, miras en lo profundo de una vida.







M'agrada la bellesa i el gest imperfecte? de l'àvia, hi ha molts llibres escrits en ella. La nena tot just comença a parlar

30 de setembre del 2015

Naixement

Del viatge, la llum i el refugi


Anam Cara, JOHN O´DONOHUE

El 

círculo celta del arraigo 



En el mundo celta reman la inmediatez y el sentido del arraigo. Su mentalidad veneraba la luz. Su espiritualidad emerge como una nueva constelación para nuestra época. Estamos solos y perdidos en nuestra transparencia ham­brienta. Necesitamos con urgencia una luz nueva y dulce donde el alma encuentre refugio y revele su antiguo deseo de arraigo. Necesitamos una luz que haya conservado su afinidad con las tinieblas, porque somos hijos de las tinie­blas y de la luz.

Siempre estamos viajando de las tinieblas a la luz. Al principio somos hijos de las tinieblas. Tu cuerpo y tu cara se formaron en la benévola oscuridad. Viviste tus prime­ros nueve meses en las aguas oscuras del vientre de tu ma­dre. Tu nacimiento fue un viaje de la oscuridad hacia la luz. Durante toda tu vida, tu mente vive en la oscuridad de tu cuerpo. Cada uno de tus pensamientos es un instante fu­gaz, una chispa de luz que proviene de tu oscuridad inte­rior. El milagro del pensamiento es su presencia en el lado nocturno de tu alma; el resplandor del pensamiento nace en las tinieblas. Cada día es un viaje. Salimos de la noche al día. La creatividad nace en ese umbral primero donde la luz y las tinieblas se prueban y se bendicen entre sí. Sola­mente encuentras equilibrio en la vida cuando aprendes a confiar en el fluir de este ritmo antiguo. Asimismo, el año es un viaje con el mismo ritmo. Los celtas eran profunda­mente conscientes de la naturaleza circular de nuestro via­je. Salimos de la oscuridad del invierno a la promesa y la efervescencia de la primavera.

En definitiva, la luz es la madre de la vida. Donde no hay luz, no hay vida. Si el ángulo del Sol se apartara de la Tierra, desaparecería la vida humana, animal y vegetal que conocemos. El hielo cubriría la corteza. La luz es la presen­cia secreta de lo divino. Mantiene despierta la vida. Es una presencia nutricia. Despierta el calor y el color en la natura­leza. El alma despierta y vive en la luz. Nos ayuda a vislumbrar lo sagrado en lo profundo de nuestro ser. Cuando los seres humanos empezaron a buscar el significado de la vida, la luz se convirtió en una de las metáforas más vigorosas para expresar su eternidad y hondura. En la tradición occidental, como en la celta, se suele comparar el pensamiento con la luz. Se consideraba que el intelecto, en su luminosidad, era el asiento de lo divino en nuestro interior.

Cuando la mente humana empezó a explorar el si­guiente gran misterio de la vida, el del amor, también utili­zó la luz como metáfora de su poder y presencia. Cuando el amor despierta en tu vida, en la noche de tu corazón, es como un alba en tu interior. Donde había anonimato, hay intimidad; donde había miedo, hay coraje; donde reinaba la torpeza, juegan la gracia y el donaire; donde había aris­tas, ahora eres elegante y estás en sintonía con el ritmo de tu yo. Cuando el amor despierta en tu vida, es como un re­nacer, un comienzo nuevo.

29 de setembre del 2015

Redescobrint Natura


Anam Cara, l'aniré llegint des d'aquest Refugi, redescobrint natura

La luz es generosa
Si alguna vez te has encontrado al aire libre poco antes del alba, habrás observado que la hora más oscura de la noche es la que precede a la salida del sol. Las tinieblas se vuelven más oscuras y anónimas. Si nunca hubieras estado en el mundo ni sabido lo que era el día, jamás podrías imaginar cómo se disipa la oscuridad, cómo llega el misterio y el co­lor del nuevo día. La luz es increíblemente generosa, pero a la vez dulce. Si observas cómo llega el alba, verás cómo la luz seduce a las tinieblas. Los dedos de luz aparecen en el horizonte; sutil, gradualmente, retiran el manto de os­curidad que cubre el mundo. Tienes frente a ti el misterio del amanecer, del nuevo día. Emerson dijo: «Los días son dioses, pero nadie lo sospecha.» Una de las tragedias de la cultura moderna es que hemos perdido el contacto con estos umbrales primitivos de la naturaleza. La urbanización de la vida moderna nos apartó de esta afinidad fecunda con nuestra madre Tierra. Forjados desde la tierra, somos almas con forma de arcilla. Debemos latir al unísono con nuestra voz interior de arcilla, nuestro anhelo. Pero esta voz se ha vuelto inaudible en el mundo moderno. Al carecer de conciencia de lo que hemos perdido, el dolor de nuestro exilio espiritual es más intenso por ser en gran medida in­comprensible.
Durante la noche, el mundo descansa. Árboles, mon­tañas, campos y rostros son liberados de la prisión de la forma y la visibilidad. Al amparo de las tinieblas, cada cosa se refugia en su propia naturaleza. La oscuridad es la matriz antigua. La noche es el tiempo de la matriz. Nuestras almas salen a Jugar. La oscuridad todo lo absuelve; cesa la lucha por la identidad y la impresión. Descansamos durante la noche. El alba es un momento renovador, prometedor, lleno de posibilidades. A la luz nueva del amanecer reapa­recen bruscamente los elementos de la naturaleza: piedras, campos, ríos y animales. Así como la oscuridad trae descanso y liberación, el día significa despertar y renovación. Seres mediocres y distraídos, olvidamos que tenemos el privile­gio de vivir en un universo maravilloso. Cada día, el alba revela el misterio de este universo. No existe sorpresa ma­yor que el alba, que nos despierta a la presencia vasta de la naturaleza. El color maravillosamente sutil del universo se alza para envolverlo todo. Así lo expresa William Blake:
«Los colores son las heridas de la luz». Los colores destacan la perspectiva de nuestra presencia secreta en el cora­zón de la naturaleza.




Quan surt el Sol

Retorn

Reprenc l'Espai Refugi amb moltes ganes de tornar a casa. I m'ajuda el llibre Anam Cara (El llibre de la sabiduria Celta) de John O'Donohue, que just ahir rescatava de la pols de molts dies i mesos. Que parli ell mentre penso (en silenci) què més es pot dir...


Qué extraño es estar aquí. El misterio nunca te deja en paz. Detrás de tu cara, debajo de tus palabras, por encima de tus pensamientos, debajo de tu mente, acecha el silencio de otro mundo. Un mundo vive en tu interior. Nadie más puede darte noticia de este mundo interior.

Cada cual es un artis­ta. Al abrir la boca sacamos sonidos de la montaña que hay debajo del alma. Esos sonidos son palabras. El mundo está lleno de palabras. Son muchos los que hablan al mismo tiempo, en voz alta o baja, en salones, en las calles, en la te­levisión, en la radio, en el papel, en los libros. El ruido de las palabras conserva para nosotros lo que llamamos «mun­do». Intercambiamos nuestros sonidos y formamos pau­tas, vaticinios, bendiciones y blasfemias. Nuestra tribu lin­güística cohesiona el mundo diariamente. Pero el hecho de pronunciar palabras revela que cada cual crea incesante­mente. Cada persona extrae sonidos del silencio y seduce lo invisible para que se haga visible.

Los humanos somos aquí unos recién llegados. Las ga­laxias del cíelo se alejan bailando hacia el infinito. Bajo nuestros pies hay tierra antigua. Fuimos bellamente for­mados con esta arcilla. Sin embargo, el guijarro más pe­queño es millones de años más viejo que nosotros. En tus pensamientos busca un eco el universo silencioso.



Trepitgem fort la Terra, a veure si així recordem qui som...

2 de juny del 2014

Teràpia d'escriptura


Em fa por la pàgina en blanc. "Però si en ella hi ha totes les possibilitats, tots els camins, totes les direccions, tota la vida!", diu la veu de la consciència, que es dispara: "Atrevir-se a escriure de nou i sense expectatives ens fa més lliures perquè decidim viure un nou capítol sense noms ni adreces que ens ajudarà a empènyer tot allò que no hem pogut dir. Ho teníem guardat dins, en una capsa d'emocions que feia esforços per obrir-se, però no la deixàvem, no la volíem veure, no la volíem escoltar". Que arribi una escriptura lenta i tranquil·la, amb prou espai per a ser sincera. Una escriptura natural, i per sobre de tot, estimada.

Collage de Fiona Wats.